Dirección de campaña

Presupuesto y recursos

Levantar un presupuesto realista, priorizar el gasto y llevar un control transparente de los recursos.

Cada peso debe empujar votos, no lucrir egos

El presupuesto no es una lista de deseos: es una decisión sobre dónde están los votos que faltan. Una campaña gasta mal cuando pone el dinero en lo que se ve (una fiesta de cierre enorme) y lo recorta en lo que gana (presencia sostenida en terreno durante semanas). La regla es simple: prioridad a lo que mueve la meta. Antes de aprobar un gasto, pregúntate qué voto concreto ayuda. Si nadie sabe responder, es una fuga. Y un principio que no se negocia: todo ingreso y todo gasto queda registrado; la transparencia protege a la campaña y a las personas.

Qué vas a aprender A armar un presupuesto por partidas, a priorizar con una pregunta simple y a cerrar las fugas más comunes.
Ilustración de un balance de campaña con partidas de gasto, una alcancía y una balanza que pesa prioridad contra costo.
Presupuestar es decidir dos veces: primero en el papel, después en la caja.

Las partidas que casi siempre hay

Un presupuesto completo se nota en lo que no se ve a tiempo.
PartidaQué cubreSuelen olvidar
TerritorioVolantes, pendones, transporte de brigadasReposición de material que se gasta a mitad
ComunicaciónRedes, producción de audio y videoUn fondo para responder a crisis
EstructuraRenta del local, luz, internetAgua y comidas para quien trabaja todo el día
JornadaMaterial del día de la elecciónCapacitación y viáticos de quien custodia

Distribuir con cabeza

No hay una fórmula mágica, pero sí una guía sana: en una campaña territorial, buena parte del esfuerzo debe llegar al terreno, donde se construye la confianza cara a cara. El gasto en eventos y publicidad sirve amplificar, no sustituir, el contacto directo.

Distribución de arranque (ilustrativa)

Territorio y campoComunicación y redesEstructura y logísticaJornada electoralFondo de imprevistos
Gasto3822161410
El fondo que nadie quiere presupuestar Aparta un colchón para imprevistos (una crisis, una reposición, un gasto legal). Cuando no existe, la improvisación sale cara y a veces fuera de la ley.

Se acerca el cierre de campaña y el saldo alcanza para un gran evento con música o para dos semanas más de brigadas en las secciones que faltan. ¿Cuál es la decisión más sólida?

Registrar cada gasto es burocracia que se puede evitar cuando la campaña es pequeña.

Clasifica cada gasto como inversión que empuja la meta o como fuga de recursos:

Empuja la meta
Fuga

Casos: el presupuesto siempre dice la verdad

Caso 1 — la foto que se pagó cara. Una campaña gastó la mitad de su dinero en un cierre con fiesta y escenario. Las fotos quedaron espectaculares, pero no quedó para custodiar casillas ni para las brigadas finales. Se gastó en lo que se ve, no en lo que gana. Lección: cada peso debe empujar votos, no lucir egos.

Caso 2 — el gasto chico sin comprobante. El tesorero pagó gasolinas y copias de su bolsa, sin tickets, "porque eran cositas". Al cierre no pudo justificar el total y tuvo problemas ante la autoridad electoral. No registrar no es ahorrar: es dejar una bomba legal. Lección: todo ingreso y todo gasto se anotan desde el día uno.

Revisa el gasto con la meta enfrente Una vez por semana, compara lo gastado con lo logrado: ¿el dinero salió y volvió en terreno o en compromisos? Si una partida crece y sus resultados no, es una fuga aunque parezca ocupación.

Escribe tu presupuesto en cuatro partidas (territorio, comunicación, estructura, jornada) con una cifra por partida. Marca con rojo todo gasto al que no sepas responder "qué voto mueve": eso es una fuga. ¿Qué partida está sobrepensada y cuál descuidada?

PistaSi el fondo de imprevistos es cero, no es ahorro: es una crisis esperando.

Siguiente paso: Métricas y tablero de control — porque no basta con gastar bien: hay que saber si está funcionando.