Tienen dueño: se llama todos
El vehículo, la papelería, los sistemas, el mobiliario y hasta tu hora de oficina no son tuyos: son recursos públicos con un destino público. La regla es tan simple como incómoda: usarlos para un asunto ajeno a ese destino —el propio, el de tu familia, el de tu negocio o el de un tercero— es uso indebido de recursos, y en su grado, falta grave. No hace falta robarse nada ni «hacer daño grande»: basta con desviar un bien o un tiempo para un fin que no es el que la institución le dio. El carro oficial en la fiesta familiar ya es el acto, aunque nadie lo note.
El error mental que hay que romper es el de la escala: «es solo una hoja», «es solo el trayecito», «son solo diez minutos para mi cliente». La falta no se mide por el monto del gasto sino por el acto de disposición indebida de un recurso público. Y hay una variante que pasa desapercibida: poner personal de la institución a trabajar en asuntos ajenos —la secretaria que resuelve tu trámite personal, el elemento que te ayuda con tu mudanza— también desvía un recurso, en este caso el tiempo ajeno. La pregunta honesta antes de usar algo: ¿esto sirve al trabajo para el que la institución lo pagó? Si la respuesta es «me sirve a mí», ya viste la línea.
Tres recursos, una misma regla
- Bienes, personal y tiempo: los tres tienen destino público; desviarlos es falta.
Repasa los tres recursos que más se desvían. Los bienes materiales, el personal de la institución y tu propio tiempo de oficina. Cada uno sigue la misma regla: si el fin no es público, el uso es indebido.
Tienes un vehículo oficial y una impresora en tu oficina. Tu hijo necesita llevar unos materiales a una actividad escolar «de paso» por tu ruta, y un amigo te pide imprimir unos volantes para su negocio. ¿Qué dice la regla del destino público?
Pedirle a un compañero de la institución que resuelva un trámite personal tuyo durante su horario de trabajo es un favor menor, no un uso indebido de recursos.
Autocomprobación
Cuatro frases sobre el uso de recursos públicos. En cuál se coló el error:
Marca la línea o las líneas con error y pulsa Comprobar.
Piensa en un recurso de tu institución que usas a diario (vehículo, impresora, correo, teléfono, tu horario). Anota un uso que le hayas dado —o hayas visto dar— que no era estrictamente para el fin público. No se trata de confesar una falta grave, sino de detectar dónde empezaba la línea.
La mayoría de las faltas por uso de recursos no nacen de un gran robo, sino de pequeños «de paso» normalizados. Identificar el tuyo hoy te evita justificarlo mañana. Define un criterio personal claro: si no sirve al trabajo, no se usa.
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